Por improbable que haya sido el comienzo de los Dodgers en la defensa de su título, dentro del equipo nadie dudaba que Shohei Ohtani haría algo especial en su noche de bobblehead, la primera de cuatro programadas esta temporada.
Pero el último choque de la serie la noche del miércoles ante los Bravos comenzó de forma accidentada, y le tomó a los Dodgers ocho entradas remontar poco a poco en el marcador. Eso preparó el escenario para Ohtani, quien conectó un jonrón de oro para darle a Los Ángeles una victoria de 6-5, manteniéndolos invictos en este inicio de campaña.
“Cuando le tocó batear, y era su noche de bobblehead, todos lo sabían”, dijo el abridor Blake Snell. “Lo sabíamos. Es simplemente lo que él hace”.
El intermedista Tommy Edman agregó: “La única duda era a dónde la iba a mandar”.
Fue el segundo cuadrangular para dejar en el terreno al rival en la carrera de Ohtani. El primero fue un grand slam el pasado agosto, que selló su ingreso al club 40-40. Este último batazo ayudó a que los Dodgers hicieran historia como los primeros campeones defensores de la Serie Mundial en iniciar una temporada con marca de 8-0.
El intento por un 162-0 —destinado a fracasar— sigue en pie.
“Creo que el mérito realmente es de Max Muncy por empatar el juego”, dijo Ohtani a través de su intérprete Will Ireton. “Cuando llegué a batear en ese último turno, con el marcador empatado, sentí que realmente teníamos una buena oportunidad de ganar”.
Los Bravos estaban en la situación opuesta, habiendo iniciado el día sin victorias en sus primeros seis compromisos. Así que cuando los Dodgers pusieron a Michael Conforto en primera base con un out en el octavo episodio, el manager Brian Snitker optó por una maniobra astuta y trajo a su cerrador, el cubano Raisel Iglesias, en medio del turno de Will Smith, buscando un rescate de cinco outs.
Pero el plan no funcionó. Iglesias le dio base por bolas a Smith, quien junto a Conforto avanzó una base con un roletazo de Edman. Luego, Muncy cambió por completo el panorama al empatar el juego con un doblete de dos anotaciones.
Fue un turno redentor para Muncy, quien había usado un nuevo bate “torpedo” en sus primeros tres turnos, pero decidió volver a su madero de confianza en el octavo. El antesalista de los Dodgers había cometido dos errores en los primeros dos innings, contribuyendo a que cinco carreras sucias entraran contra Snell, quien tampoco estuvo fino al otorgar cuatro boletos por segunda apertura consecutiva.
No fue un juego bonito, y aunque los Dodgers fueron descontando con vuelacercas de Edman en el segundo acto y de Conforto en el cuarto, también desaprovecharon varias oportunidades para remontar antes de concretarlo al final. El piloto Dave Roberts calificó el encuentro como “el peor que hemos jugado” en lo que va de temporada.
“Estaba desconcertado por cómo estábamos jugando”, confesó. “No reconocí a ese equipo en los primeros innings. Y luego me desconcertó aún más que hayamos ganado ese juego. No teníamos ningún derecho a ganarlo. Pero, para crédito de nuestros muchachos, nunca dejaron de luchar”.
Los Ángeles ha tenido que mostrar mucha tenacidad en este inicio de campaña. Los Dodgers han tenido que remontar en seis de sus ocho victorias, y tampoco han contado con su plantilla completa, jugando sin Mookie Betts, Freddie Freeman o ambos en seis partidos. Freeman se perdió la serie completa contra los Bravos tras resbalarse en la ducha y agravar su tobillo derecho operado.
A pesar de todo, los Dodgers siguen sumando victorias, y el héroe del miércoles fue uno predecible.
“Es el mejor jugador del béisbol”, exclamó el antesalista de los Bravos, Austin Riley, sobre Ohtani. “Si cometes un error, lo vas a pagar. Hay una razón por la que es el mejor”.
El muñeco bobblehead de Ohtani, que conmemora su tercer Premio JMV de manera unánime, generó una gran expectativa en el Dodger Stadium, con aficionados haciendo fila mucho antes de que se abrieran las puertas del estadio para asegurarse de recibir el obsequio.
La primera vez que Ohtani se paró en el plato, el público comenzó a corear “¡J-M-V!”, sólo para verlo batear un roletazo. Así que cuando se levantaron de sus asientos en la novena entrada, el momento era la culminación de toda una noche de anticipación.
“Lo dije el año pasado sobre Sho”, comentó Muncy. “Sigue metiéndose en estas situaciones y momentos en los que uno espera lo impensable de él, y rara vez decepciona. No me sorprendió en lo más mínimo. Pero aún así, lo que hace sigue siendo sorprendente”.
“Sabía que iba a llegar”. Devers rompió su sequía de 21-0 con un doble
Finalmente, Rafael Devers puede dar un suspiro de alivio.
Para alegría de los fieles seguidores de Boston presentes en Camden Yards la noche del miércoles, la racha de Devers sin hits ha llegado a su fin. También lo hizo la racha de derrotas de los Medias Rojas, luego de que Boston se impusiera 3-0 sobre Baltimore gracias a ocho entradas dominantes en blanco de Garrett Crochet, que acaba de firmar una extensión de contrato con los Patirrojos.
Después de comenzar la temporada de 0-21, el dominicano finalmente consiguió su primer hit del 2025. Llega tras un inicio históricamente complicado: sus 15 ponches en los primeros cinco juegos marcaron un récord, al fin y al cabo.
Devers recibió una ovación de pie mientras se paraba en la segunda base, sacudiéndose el polvo. Acababa de conectar su primer imparable: un doble impulsor al jardín derecho que le dio a los Medias Rojas una ventaja de 3-0 en la quinta entrada. Luego lo seguiría con un sencillo en el octavo inning.
“Lo disfruto mucho”, dijo Devers. "Me hace feliz ver esa reacción, porque eso me hace ver que están prestando atención a mi turno al bate y me están apoyando. Y eso me hace sentir muy, muy feliz”.
“Todos necesitábamos eso”, dijo el mánager Alex Cora. "Los turnos al bate están mejorando. Sabes, el otro día negoció dos boletos. El foul que conectó, ese me llamó la atención. Hoy puso buenos swings, vio un pitcheo rompiente en la zona, hizo un buen swing...
“Y luego la línea que hemos estado esperando durante cinco días, ¿verdad? Esa que fue hacia el otro lado, se quedó con el zurdo, le dio fuerte en esa dirección, hizo un trabajo extraordinario”.
Era justo como lo habrían planeado los dioses del béisbol. Devers, quien se había ido de 16-6 de por vida contra el abridor de los Orioles, Zach Eflin, logró contacto en sus dos primeros turnos al bate: un elevado en territorio de foul en la primera entrada y un rodado a la inicial en la tercera.
Luego, llegó la quinta entrada. Devers se paró en el plato con dos outs, Kristian Campbell en segunda base tras firmar recientemente una extensión de contrato por ocho años, y el curazoleño Ceddanne Rafaela en primera. Devers dejó pasar los primeros tres lanzamientos que vio — una bola, un strike cantado y otra bola, todos arriba y afuera — antes de recibir un pitcheo con el que podía hacer daño. Y no lo desaprovechó.
Devers haló la curva de 78.6 mph que Eflin dejó baja y al centro, enviándola al jardín derecho a 109.5 mph de velocidad de salida. Mientras Campbell se lanzaba hacia el plato, Devers corrió a la inicial y, al ver que Tyler O’Neill tardaba en recuperar la bola en el jardín derecho, aceleró hacia la intermedia, deslizándose a salvo. El alivio era tan evidente en su rostro como entre los fanáticos que lo ovacionaron con entusiasmo.
“Fue más por los demás que por mí”, dijo Devers. “Yo sabía que iba a llegar, pero también recibí muchos mensajes de personas preocupadas por mí, y yo estaba bien. Así que fue más por los demás que por mí”.
Aunque ha sido un comienzo de temporada difícil para Devers, su confianza en sus habilidades nunca ha flaqueado. Tampoco la fe de los Red Sox en él. Sabían que los hits llegarían; el propio mánager de Boston, el boricua Alex Cora, lo dijo tras el primer juego de la serie el lunes. Ahora, el enfoque está en el resto de la temporada y en los hits que aún están por venir, con el número 1 y 2 ya en los registros.