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Los temores de Trump: perder la Presidencia y el control del Senado

domingo, 15 noviembre 2020 - Comentarios
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Escrito por:

Rafael Gómez, periodista dominicano residente en Nueva York, Estados Unidos

Como si se tratara del derrocamiento de un despótico dictador en los Estados Unidos, millares de neoyorkinos se lanzaron a las calles a festejar el triunfo de Joe Biden y Kamala Harris, tras haber superado los 270 votos electorales requeridos para ganar las elecciones del pasado 3 de noviembre.

La algarabía manifestada por los manifestantes en Nueva York solo era comparable con las fiestas de fin de año en Times Square de La Gran Manzana para recibir la llegada del Año Nuevo.

Para quienes lo rechazan, el Presidente Donald Trump no es más que un prepotente, impredecible y grosero, irrespetuoso, farsante y autoritario, antiinmigrante y racista.

Para los que lo veneran, es el experto economista visionario, un candidato al Premio Nóbel de la Paz por conciliar intereses políticos con sus radicales enemigos de Corea del Norte, China y Rusia, y un luchador por los mejores intereses de los EE.UU.

Aunque los resultados preliminares de algunos estados fueron impugnados por Trump por alegado fraude electoral, la sumatoria de los votos emitidos a nivel nacional ha proseguido su curso.

Al sábado 14 de noviembre, el binomio Biden-Harris habían recibido un poco mas de 78.2 millones de votos (50.9%), mientras que los reeleccionistas Trump-Pence superaron los 72.7 millones (47.3 %).

Con estos resultados preliminares, Biden-Harris logran llegar a los 306 votos de los Colegios Electorales y Trump-Pence 232.

A Trump no le sorprenden estos resultados, ya que con anterioridad, y en plena campaña electoral, había pronosticado la trama de un fraude electoral que, según él, los demócratas fraguaban en su contra con el voto anticipado y por correo.

Considerado por sí mismo como un hombre exitoso y triunfalista, a él le aterran los resultados negativos, y todo fracaso lo desmoraliza. Lo dijo una y otra vez, en sus manifestaciones políticas, que estaba preparado para ganar y no para perder.

Lo sucedido con los resultados preliminares en esta contienda electoral afecta sensiblemente su intransigente ego triunfalista, que lo impulsa a tomar acciones que sorprenden a psicoanalistas.

Pero, la gran preocupación de Trump y el Partido Republicano no solo es perder la Presidencia, sino la posibilidad de también perder la mayoría en el Senado.

Ante esa realidad, surge la estrategia del supuesto fraude electoral, sin pruebas que lo verifiquen.

De los cuatro estados impugnados por Trump (Pensilvania, Arizona, Georgia y Michigan), dos de ellos son los claves para ganar la Presidencia y la mayoría en el Senado.

Con el conteo preliminar de los sufragios de Pensilvania dados a conocer el pasado 6 de noviembre, Biden y Kamala Harris alcanzaron los 270 votos requeridos para declararse ganadores, pero esos cómputos parciales fueron impugnados por el candidato republicano y están bajo escrutinio federal.

Biden fue declarado ganador en Georgia el pasado viernes 13, aumentando a 306 votos electorales contra 232 a favor de Trump, tras ganar en Alaska y Carolina del Norte.

Ahora la batalla electoral final sigue concentrada en Georgia donde los aspirantes al Senado deberán ir a una segunda vuelta por no alcanzar el 50% más uno de los votos emitidos para esta posición al Congreso.

El candidato demócrata al senado Jon Ossoff, recibió el 47.9 % mientras que el republicano David Perdue logró el 49.8%. Raphael Warnock (D) alcanzó el 32.9 % y Kelly Loeffler (R) el 26 %, ahora tendrán que definir en una segunda vuelta electoral fijada para el 5 de enero de 2021 quiénes serán los ganadores que sumarán los dos votos para la mayoría senatorial.

El conflicto electoral creado por Trump con sus impugnaciones por fraude ha involucrado los tres poderes del estado de la nación: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.

El legislativo, porque se define la mayoría del Senado, el ejecutivo porque se determina el nuevo presidente electo, y el judicial, porque se tiene que involucrar en una investigación federal, para comprobar o desmentir la denuncia presentada por el jefe de la Casa Blanca.

Trump ha llevado el caso a investigación federal, con la esperanza de que los fiscales actuantes encuentren algunas evidencias creíbles que puedan anular los resultados en los estados claves donde se proyecta su derrota.

James David Zirin, abogado y ex fiscal federal adjunto en Manhattan, que ha investigado los casos judiciales en que ha estado involucrado Trump por más de tres años, asegura que el multimillonario originario de Nueva York ha convertido el sistema de justicia en un arma a lo largo de su carrera.

Según Zirin y USA Today, hasta el 2016 Trump tenía 160 litigios federales pendientes en su contra e investigaciones legales, incluyendo sus declaraciones de impuestos, acoso sexual, discriminación racial, difamación, abuso de confianza, incumplimiento de préstamos, entre otros, que de salir de la Casa Blanca podría enfrentar dichas demandas como todo ciudadano común y corriente.

El primer triunfo obtenido por Trump fue lograr que el fiscal general de EE.UU., William Barr, autorizara a sus dependencias iniciar investigaciones que sean creíbles y sustanciales que pudieran sugerir un fraude electoral en las concluidas elecciones presidenciales en la gran nación del Norte.

Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., aseguró que las recientes elecciones presidenciales fueron las más seguras de la historia del país, contradiciendo las afirmaciones de Trump sobre la existencia de un fraude en las votaciones.

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