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Antún promete subsanar el daño cometido a la industria azucarera

miércoles, 13 mayo 2015 - Comentarios
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Redacción
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Quique Antún es el único candidato que en la actualidad que está haciendo propuestas de facturas social avanzadas, las cuales están orientadas hacia la satisfacción de necesidades puntuales de la población y, de un modo muy especial, de los sectores marginados carentes de todo tipo de insumos que les permitan vivir en condiciones  dignamente aceptables.

El candidato reformista está convencido de la necesidad de que en el país se realicen cambios estructurales importantes que permitan una distribución más justa y equitativa de la riqueza, pero también entiende que la riqueza hay que crearla y que, para alcanzar esa meta, se precisa la conjunción armoniosa y justa de los factores generadores, fundamentalmente, el trabajo y el capital.

Sin capital no hay trabajo, y sin trabajo no puede haber capital, ambos elementos deben de actuar juntos en el cumplimiento de su misión creadora, en armonía y con sentido de justicia. No se crea riqueza actuando de manera egoísta, lo que implica que el capital tiene que multiplicarse por medio del trabajo, y este debe recibir los beneficios suficientes para vivir de manera decorosa, esto es, tener asegurados  los medios de alimentación, educación salud, vivienda y otros.

 

En visita realizada a San Pedro de Macorís, el candidato del PRSC hizo formal promesa de que va a rehabilitar la industria azucarera, la otrora fuente generadora de cientos de miles de empleos y el sostén fundamental de nuestra economía por ser la fuente principal de entrada de divisas.

 

Esa industria azucarera que Quique va a rehabilitar fue víctima de una celada orquestada  por una conjunción de poderes económicos nacional e internacional, cuyo objetivo fue el de destruir el consorcio estatal, el más productivo, para que sea el sector privado el que reciba los beneficios de esa explotación casi monopólica, lo mismo que de la cuota preferencial establecida por el mercado norteamericano.

 

Nuestro país pasó de exportador a importador del dulce, ya que los productores privados no contaban con la capacidad instalada suficiente para atender el consumo doméstico y los compromisos internacionales.

 

Los precios internos se dispararon, como sucede siempre, nuestro país vendía el producto a precios más baratos en el exterior, que los precios de ventas a nivel local.

 

¿Dónde estuvo la celada para destruir nuestra industria azucarera? La trama se inició a partir del 1986 con la implementación del llamado modelo de “Diversificación Agrícola e Industrial”, eufemismo con el cual se enmascaró la política de destrucción de nuestra industria azucarera, política que fue concebida desde los centros de poder de Estados Unidos.

 

Se vendió la idea de que la industria no tenía futuro, en razón de que el principal mercado, el norteamericano, se encaminaba hacia la satisfacción de su demanda de dulce por medio de la introducción de un sirope hecho a base de maíz, por lo que la cuota azucarera iba a reducirse hasta desaparecer.

 

Con ese cuentico nos durmieron durante años, mientras los ingenios del Estado languidecían bajo el abandono más degradante, el sector privado se fortalecía haciendo grandes inversiones en sus factorías, en el transporte, en las áreas de siembra.

 

El sector público  redujo las áreas cañeras, no se le dio mantenimiento a las factorías, lo que motivó el cierre de varios ingenios estatales, mientras el sector privado hacia todo lo contrario, invirtió grandes recursos en modernizar sus instalaciones y es por eso que hoy mantiene el predominio absoluto en el sector.

 

Quique Antún se plantea, como punto inmediato de su agenda económica, la rehabilitación de todos los ingenios azucareros propiedad del Estado, una vez instalado en el Palacio como presidente de la República.

 

El candidato y líder reformista está consciente de la importancia económica y social de esa medida, por ser una fuente extraordinaria para la creación de empleos y la generación de divisas, pero también abre la esperanza a muchas comunidades que hoy sufren los embates de la pobreza más extrema, luego de la cerrada del ingenio, su fuente de vida.

 

Pero hará la obra socialmente más importante, esto es, hacerles justicia a esos miles de obreros, hoy en condiciones cadavéricas, que fueron lanzados a las calles sin recibir ningún tipo de prestaciones. Llegó la hora de la justicia social en libertad, Quique Antún, presidente.

Por: Sergio Acevedo

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