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Sobre el “egoísmo” y la “mano invisible” de Adam Smith: una interpretación vulgar

lunes, 14 noviembre 2016 - Comentarios
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Escrito por:

Miguel Ceara Hatton
Miguel Ceara Hatton

Economista, especialista en temas de desarrollo, macroeconomía y economía internacional. Autor de numerosos estudios, ensayos y libros sobre economía dominicana y caribeña. Fue director Coordinador Nacional de Desarrollo Humano en el PNUD, asesor de política comercial en la Cancillería, director de Comercio y Turismo en la Asociación de Estados del Caribe, y fundador y director del Centro de Investigación Económica para el Caribe (CIECA).

Les pido excusa a mis lectores no economistas por esta digresión teórica, pero me molesta y no estoy de acuerdo en que la economía opera en la “frontera del conocimiento” como si se tratara de una ciencia natural y no de una ciencia social donde hay intereses, instituciones, historia, poder y políticas económicas, interactuando para determinar una realidad compleja en constante movimiento, cuya trayectoria no es siempre la misma y difiere en lugares diversos, así como el impacto de las acciones y situaciones no repercute igual en todos los lugares. Esta visión lleva a una formación “manualesca” que ignora a los innovadores del pensamiento económico que han superado la “prueba de la crítica” y conduce a una formación que fue sentenciada por Jose Luis Alemán como: “Lee leones y serás león. Lee ratones, la literatura corriente, técnicamente hipertrofiada, y serás ratón” (Alemán 2005)

Hace algunas semanas compartí una presentación (entre amigos) con un economista dominicano que se refirió a la metáfora de la “mano invisible” de Adam Smith (1723-1790), para argumentar sobre las virtudes del “mercado” y su capacidad de autorregulación.

Casualmente, unos días antes había puesto un trabajo a mis alumnos de Historia del Análisis Económico de la PUCMM, sobre el contexto y la lógica del concepto de “egoísmo” y de la “mano invisible” en la obra de Adam Smith, tanto en la “Teoría de los Sentimientos Morales” (TSM) publicada en 1759 como en la “Naturaleza de las Causas de las Riquezas de las Naciones” (CRN) de 1776.

Esta nota sistematiza los argumentos que presenté sobre lo que entiendo es una incorrecta interpretación del pensamiento económico de Adam Smith. Para ello divido mis argumentos en cuatro partes:

Primero, resumo las ideas de la teoría neoclásica sobre la metáfora de la mano invisible según la interpretación actual.

Segundo, explico la argumentación de Smith sobre las motivaciones humanas.

Tercero, presento argumento de Smith sobre el egoísmo como una construcción derivada de la división del trabajo y el carácter social del ser humano.

Cuarto, argumento en torno a lo que dijo Adam Smith sobre la “mano invisible”.

Finalmente, estas ideas reflejan mis notas docentes que siguen en este tema al historiador del pensamiento económico Alejandro Roncaglia (2006, 2011) así como mis lecturas sobre ética y el enfoque de capacidades de Amartya Sen, que me llevaron a comprender la complementariedad entre la “Riqueza de las Naciones” (CRN) y la “Teoría de los Sentimientos Morales” (TSM) en la obra de Smith. Este último libro fue constantemente revisado y actualizado por Smith hasta poco antes de morir y después de haber publicado la Riqueza de las Naciones, de hecho la sexta edición en la cual introduce varios capítulos fue publicada en el año 1790  año de su muerte.

1)      La idea implícita de la metáfora de la “mano invisible” en la teoría neoclásica 

La idea difundida de esa metáfora es simple: la única motivación humana es el egoísmo, la única forma de ser racional es maximizando ese egoísmo, dada las preferencias absolutamente individuales e independiente (es decir, la sociedad no influye en las preferencias de las personas); los mercados son libres, se llegará a una situación de equilibrio individual en el mercado que es eficiente, porque conseguirían las cantidades deseadas a los precios que se está dispuesto a pagar.

Al mismo tiempo, todas las personas actúan igual y la sociedad es simplemente una extensión del comportamiento individual,  entonces sin proponérselo guiados por una “mano invisible” se logra también una solución de mercado que es eficiente para la sociedad porque todos compraron y vendieron a precios y cantidades deseadas y el que no vendió o compró fue porque no quiso, de esta forma si los mercado son libres entonces también tienen capacidad de autorregularse y la sociedad estaría en el máximo bienestar posible, entendido como una situación donde nadie puede mejorar su posición sin empeorar la de otro (Teorema de Pareto).

En el externo, esta teoría podría funcionar en una “sociedad” de una sola persona, porque la sociedad se regula por las mismas leyes que el comportamiento individual basada en la relación entre las personas y los bienes, a través de la utilidad o el placer que produce el consumo de los mismos (el llamado consecuencialismo: la bondad de las acciones se mide por su consecuencia en términos de placer o dolor). Así el comportamiento de la sociedad lo deducen del comportamiento de las personas y la sociedad se representa como la “suma” de individuos o a través de un “agente representativo” (algo así como una media) en el marco de una lógica que va del individuo a la sociedad y esta se reduce a una simple agregación de individuos, sin que la “agregación” influya en el individuo y tenga una naturaleza distinta.

2)      La motivación humana: entre el interés personal y la aprobación de la sociedad

Adam Smith, como parte de la Ilustración Escocesa en la TSM se preocupó por establecer un principio unificador que diera explicación a la convivencia social de las personas.

En efecto, en la TSM Smith argumenta que las personas, aunque sean motivadas por razones de interés personal en su actuación social están condicionada por un sentimiento de simpatía, es decir, “la capacidad de compartir los sentimientos de otros y nos lleva a juzgar nuestras acciones sobre la base de sus efectos en los otros, además de sus efectos sobre nosotros mismos” (Roncaglia 2006)

En este sentido Smith señaló: “por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de estos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla” (TSM p.49), de esta forma Smith construye una argumentación donde le establece límites al egoísmo basado en la necesidad de la aprobación de los demás y de los intereses de los demás.

La combinación de una motivación humana basada en el “interés personal” pero limitada por la necesidad de conseguir la aprobación de la sociedad es lo que explica la construcción de una sociedad en armonía.

3)      El egoísmo como una construcción derivada de la división del trabajo.

Smith las personas se definen como un ser social.

En efecto, decía: el ser humano, “…solo puede subsistir en sociedad”, de manera que “Todos los miembros de la sociedad humana necesitan de la asistencia de los demás y de igual forma se hallan expuestos a menoscabos recíprocos.” (TSM 1997, p. 185).

La sociedad de personas distintas puede subsistir, como la de comerciantes distintos, en razón de su utilidad, sin ningún amor o afecto mutuo; y aunque en ella ninguna persona debe favor alguno o está en deuda de gratitud con nadie, la sociedad podría sostenerse a través de un intercambio mercenario de buenos oficios de acuerdo con una evaluación consensuada” (TSM p.185-186).

En otro párrafo reafirma la necesidad del intercambio, cuando indica:

“El ser humano no se ve impulsado a refugiarse en la sociedad por ningún amor natural hacia sus semejantes sino porque sin la colaboración de los demás es incapaz de subsistir con holgura y seguridad. Por ello la sociedad se le torna necesaria y considera que todo lo que propenda al sostenimiento y bienestar social tiende remotamente a promover su propio interés; y al contrario, cree que todo lo que pueda alterar o destruir la sociedad es en alguna medida dañino o perjudicial para él”. (TSM 1997, p. 551)

Estos párrafos son concluyentes de que para Smith el ser humano necesita la sociedad, necesita la asistencia de los demás para poder para subsistir con “holgura y seguridad” a través del “intercambio mercenario de buenos oficios (comprar o vender, MCH) de acuerdo con una evaluación consensuada (de precios y cantidades, MCH) porque son diferentes y “hacen comercio diferente” (no producen todo lo que consumen, necesitan del intercambio)”.

Este “subsistir en sociedad” por las diferencias entre las personas (talentos) y porque hacen comercio diferente (actividades productivas) lo asocia en 1759 a la idea de la división del trabajo, que desarrollará ampliamente en CRN. En el capítulo 2 “Del principio que da lugar a la división del trabajo” señala:

“… el hombre reclama en la mayor parte de las circunstancias la ayuda de sus semejantes y en vano puede esperarla sólo de su benevolencia. La conseguirá con mayor seguridad interesando en su favor el egoísmo de los otros y haciéndoles ver que es ventajoso para ellos hacer lo que les pide. (…) Dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, es el sentido de cualquier clase de oferta, así obtenemos de los demás la mayor parte de los servicios que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas” (CRN p. 17)

Quizás este es uno de los dos párrafos más citados de la obra de Smith. ¿En qué contexto se produjo? La división del trabajo implica la especialización y la cooperación en una sociedad civilizado, cuando no se produce lo que se consume y se consume lo que no se produce es imprescindible el intercambio. Para que exista el intercambio no se puede apelar a la benevolencia del otro sino a su necesidad, a su interés, a su egoísmo para que se produzca el intercambio.

En otras palabras, en la lógica de Smith el egoísmo no tiene que ver con la lógica utilitarista neoclásica. En los neoclásicos se apela al egoísmo para explicar la motivación de la conducta humana y la racionalidad solo tiene un contenido: maximizar el egoísmo. En Smith es diferente apela al egoísmo como argumento del intercambio en una sociedad con división del trabajo mientras que la motivación humana está condicionada por el interés personal limitada por la necesidad de aprobación de la sociedad.

Sobre el significado de la “mano invisible” en Smith

Siguiendo a Roncaglia (2011), se establece que el término de “mano invisible”, aparece tres veces en toda la obra de Smith. La primera referencia fue en el “Ensayo de Astronomía” de 1749, en la Sección III, como una ironía y desprecio sobre la superstición que pretende ocupar el lugar de la filosofía.

La segunda vez fue en la “Teoría de los Sentimientos Morales” de 1759, en la parte IV, en un texto más confuso, destaca que los ricos motivados por su egoísmo son guiados por una mano invisible para producir y distribuir “las cosas necesarias para la vida que habría tenido lugar si la tierra hubiese sido dividida en porciones iguales entre los todos los habitantes”. Esto se quedó en un simple enunciado que no intentó probar.

La tercera referencia aparece en la Riqueza de las Naciones de 1776, en el libro IV, capítulo II, discutiendo las restricciones de importaciones para fomentar la producción nacional. Señala que: “Cuando [un individuo] prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia; éste como en otros muchos casos es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Más no implica mal alguno para la sociedad que tal fin no entre a formar parte de sus propósitos, pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios.”

Estas tres referencias a la mano invisible no ofrecen evidencias para afirmar que la metáfora jugara un papel importante en la teoría de Smith ni que apareciera en parte alguna la autorregulación de los mercados. Ni hay evidencias de que sus contemporáneas ni economistas posteriores le dieran importancia al concepto hasta mediados del SXX.

¿De dónde surge el mito de la mano invisible? Roncaglia (2011) señala que el origen de la interpretación actual proviene del Nobel de Economía 1982 George Stigler (1911-1991) quien publicó (1951) un artículo sobre la división del trabajo, haciendo una “reconstrucción actualizadora” de Smith. Lo cual fue retomado por Kenneth Arrow (Nobel 1972), Frank Hahn y otros economistas del equilibrio general dando lugar al mito de la mano invisible.

¿Que hizo el economista neoclásico?

Primero, ignora el texto de la TSM y segundo, unió dos párrafos de CRN desconectados entre sí: el que dice: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés” que está referido a la división del trabajo, a la necesidad del intercambio y a la apelación del egoísmo (porque necesidades diferentes) para que pueda haber intercambio.

El otro párrafo aparece 385 páginas después (Edición Fondo de Cultura Económica) en donde analizando las ventajas de la “inversión doméstica” argumenta que al considerar su propio interés (invertir en su propio país), la persona “es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones (…)  promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios” porque aumenta el ingreso total y genera empleos.

En conclusión, estas notas han querido mostrar que no tiene fundamento la afirmación de que el concepto de “egoísmo” y de la “mano invisible” de Adam Smith es el antecedente del concepto de egoísmo neoclásico ni mucho menos del concepto de autorregulación de los mercados y ello se deriva de la formación de economistas que leen manuales y no los verdaderos innovadores de la economía que han establecido los fundamentos y que han superado la prueba crítica del tiempo.

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